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JUNTOS POR EL CAMBIO ES AHORA UNA BOLSA DE GATOS. CULPAS Y PASES DE FACTURA

2019-11-03 |

 En Juntos por el Cambio se abrió una puerta y por ella salieron todas las internas que venían solapadas, reprimidas, como dientes apretados, desde la derrota del 11 de agosto y hasta que se resolviera la elección. Algunas son querellas que tienen ya años. La remontada del 27 de octubre de Mauricio Macri, más que beneficiar, enturbió la situación: el presidente ahora tiene un 40 por ciento para decir que no se retirará de la política, lo que complica la estrategia de los que ya lo imaginaban afuera. Ya existen contactos entre radicales y larretistas para conjurar un nuevo liderazgo para la oposición, ya que no lo ven a Macri en ningún lado en 2023. Mientras tanto, ya hubo chispazos entre Marcos Peña y María Eugenia Vidal y un corte de rostro a Emilio Monzó en el Congreso. Y eso que todavía no se vio nada. Lo de la semana que pasó como si el infierno calentara un rato la temperatura, solo para hacer saber que está ahí.

Y que en algún momento, se desatará con toda su furia. Pero ese momento puede que tarde. Las marchas del "Sí, se puede", que Macri busca coronar con una última manifestación el 7 de diciembre -que pretende ser casi un émulo de la despedida de Cristina Fernández de Kirchner- fueron un intento de ordenar a la tropa. O, por lo menos, refrenar a quienes ya le estaban construyendo el ataúd a medida. Y, en parte, Macri tuvo éxito. Los reclamos de que dé un paso al costado y se ordene el espacio ante un nuevo líder no empezaron el primer día, como le hubiera pasado con una derrota por 20 puntos.

Pero eso no quiere decir que no existan intenciones de retirarlo. Las miradas sobre un fin de ciclo para el presidente no han cambiado. Sólo esperan su tiempo. Del otro lado, Macri parece haber perdido uno de sus grandes sostenes: Elisa Carrió se dedicó a atacar a cualquiera que pensara en posmacrismo y sostenía la continuidad del mandatario como líder de la oposición. Todavía lo hace, pero habrá que ver cuánto se implica después de que anunciara que se retiraba de la política partidaria . El otro sostén de su liderazgo es Miguel Angel Pichetto, que desde diciembre deberá hacerlo desde su casa, dado que se queda sin banca de senador.

Dale, Pelado

El jefe de Gobierno reeligió con una marca histórica: 55 por ciento. Fue el primero en lograr que los porteños lo eligieran en primera vuelta desde que se fijaron las reglas para las elecciones de la Ciudad Autónoma. Todos estos pergaminos lo posicionan como el más lógico reemplazante de Macri como conductor de la oposición. A eso hay que sumarle que ni el presidente ni la gobernadora María Eugenia Vidal tendrán ningún Ejecutivo que conducir el año que viene, lo que se hará notar cuanto más avance el tiempo. Los larretistas saben esto y lo esperan: que se note esa carencia de gestión, frente a un Larreta que seguirá estando en las noticias. Lo más cómodo, por el momento, para el jefe de Gobierno es mostrarse desde la Ciudad: por eso, comenzó por organizar reuniones con sus ex adversarios en la elección porteña, en un gesto de magnanimidad. A nadie se le escapa que es algo que solo puede hacer el ganador y Macri está impedido de tomar una medida similar.

Mientras Larreta se muestra alineado públicamente con el presidente, sus operadores ya comenzaron a tejer con los sectores del macrismo que creen que Macri, tarde o temprano, deberá dar un paso al costado y dejar que el jefe de Gobierno ocupe su lugar como sucesor, con Vidal muy cerca. "Ahora nosotros", decía el eslogan de ella en el cierre de campaña. Frente a él, se abrazaron Larreta y Vidal. También compartieron hace poco su cumpleaños. Otro eslogan que se puede leer en esta línea: "Dale, Pelado, no pares nunca más", se escuchó y se leyó en remeras de los seguidores del líder porteño. Y, efectivamente, no va a parar... hasta intentar ser presidente. "En 2023, al Pelado no le queda otra. O se tira el piletazo o se va a su casa", dicen en Parque Patricios, donde saben que no hay chances de que se pierda esa oportunidad. Claro que antes tiene que lidiar con Macri. Y con el saliente jefe de Gabinete, Marcos Peña, sobre el cual pesan todas las facturas políticas y varios vaticinios de su desaparición de la arena política, que están sujetos a comprobación.

Los correligionarios

En los radicales, Larreta tiene por el momento unos aliados inmejorables para terminar con Macri, aunque es posible que más adelante le disputen la presidencia. Quien está tallando en las conversaciones es Enrique "Coti" Nosiglia. El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, también se anota en el club de jubilar a Macri. El problema que tienen todos ellos es, justamente, que Macri no tiene previsto irse a vivir a Italia o España.

A esta salsa picante, los radicales le echarán sus gotas propias de interna. Cornejo se las tendrá que ver hacia fin de año con Mario Negri por la conducción del bloque de la UCR: quizás negocien y no haya un estallido. La otra posibilidad es lo que ocurrió este año en Córdoba, una interna destructiva donde todos perdieron. El radicalismo tiene, además, elecciones de autoridades para el 12 de diciembre. Puede que eso genere nuevas tensiones (el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, suena como nuevo presidente), o bien puede que aplacen las elecciones y extiendan los mandatos para no tener más sobresaltos en este 2019 cargado de derrotas.

El PRO también debe definir qué hará con sus autoridades y qué lugar ocupará allí Macri. Hay una batalla sorda para desplazar a todo lo relacionado con Peña de esos lugares y ubicar a personas vinculadas a Larreta o al peronismo PRO. En la Legislatura porteña ya hubo una muestra de eso: de la vicepresidencia primera salió Francisco Quintana, vinculado al jefe de Gabinete, y entró Agustín Forchieri, hombre de Diego Santilli. Puede haber más -y más notorios- movimientos de este tipo.

Vidal vs Peña

Otro capítulo de esta semana fue el pase de facturas por la derrota que le hicieron desde el sector de Peña a Vidal . Indicaron que la derrota se explica por la provincia de Buenos Aires y responsabilizaron a la gobernadora bonaerense: sostuvieron que no tuvo armado en la provincia y que no sumó intendentes, ni concejales. Del otro lado, indicaron que era una operación del jefe de Gabinete para intentar hacer pelear a Macri con Vidal. También mostraron números que indicaban cómo creció Vidal de las PASO a las generales.

Desde el entorno de Vidal, la responsabilidad está ubicada, sobre todo, sobre quienes condujeron la campaña nacional. Y en esto Peña es una de las figuras ineludibles. Le facturan la estrategia de polarización a ultranza, que terminó con un peronismo unido, todo lo contrario a lo que necesitaban. También cuestionan el devenir de la crisis económica, que pegó fuerte en el conurbano y prendió en llamas las posibilidades de Vidal. La gobernadora está convencida de que si la elección hubiera sido para plebiscitar todo lo que ella hizo en la provincia, hubiera vencido y que fueron los desmanejos económicos y sociales lo que se la llevaron puesta. Eso sumado a que le impidieron desdoblar la elección, atando su suerte a la de Macri, y que le prohibieron llevar colectoras con otros candidatos a presidente para mejorar sus posibilidades. El jueves, Macri y Vidal se reunieron en la Casa Rosada para analizar el proceso de las transiciones, tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires. No hubo un comunicado oficial sobre el encuentro, del que Vidal salió seria y rápidamente sin hacer declaraciones. Tampoco hubo posteos en las redes, como es habitual entre los integrantes del oficialismo.  En cambio, Vidal le dedicó un afectuoso saludo a Rodríguez Larreta pos su cumpleaños, que fue justo después de las elecciones. En la foto se los ve a los dos abrazados. "Es una alegría compartir con vos este camino. Gracias por tu amistad, tu cariño y por dar siempre lo mejor de vos en cada desafío. Te admiro y te quiero mucho", le dijo la gobernadora al más claro ganador de Juntos por el Cambio.   

Monzó sin quórum

Peleado por igual con Vidal y con Peña, emerge la figura de Emilio Monzó. El que les avisó a los integrantes de la mesa chica -de la que fue expulsado en 2016 y a la que nunca volvió realmente- que buscara ampliar hacia el peronismo y ahora les puede susurra al oído: "Se los dije". Pero a Monzó no le alcanza solo con haber tenido razón. Tiene que reconstituirse hacia algún futuro que, todo indica, ya no será con el PRO. Los (pocos) diputados suyos que entraron en las listas de Juntos por el Cambio deberán definir tarde o temprano que hacen.

Mientras tanto, Monzó sufrió una llamativa derrota la semana pasada. Convocó a una reunión de la comisión permanente de la Defensoría del Pueblo nacional, con toda la intención de ser nombrado como próximo Defensor del Pueblo y los del PRO faltaron y no le dieron quórum . Toda una señal de la situación del espacio. Dentro de la bancada, señalan que Monzó no llevó la discusión al bloque y también que "eso de que lo abandonamos lo dicen desde el Frente de Todos para, de paso, invitarlo a Emilio a que se cruce". Lo cierto es que los macristas no fueron a la convocatoria. Señalan que faltaba mayor debate sobre cómo conformar la Defensoría del Pueblo nacional, que está vacante desde hace una década. Es verdad que tampoco asistieron los legisladores del Frente de Todos, pero ellos no integran un espacio con Monzó. Y el PRO, sí. Por lo menos, hasta el 10 de diciembre. 

 

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