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LA CAPACIDAD DE DESTRUCCIÓN DE LA ECONOMIÍA MACRISTA ES IMPACTANTE

2019-03-10 |

 Los indicadores de solvencia y liquidez del sistema financiero son potentes de acuerdo al último “Informe sobre Bancos” del BCRA. Las entidades están contabilizando ganancias crecientes montadas en una muy rentable bicicleta Leliq-plazos fijos, que de octubre pasado hasta el viernes último acumulan intereses devengados por poco más de 166 mil millones de pesos. La foto de la solvencia es a diciembre de 2018 con los últimos datos proporcionados por el Banco Central. La señal de alerta aparece cuando se analiza la evolución de la morosidad, no tanto por su nivel, que sigue siendo manejable en relación a otros momentos críticos de la economía argentina y en comparación regional, sino por la tendencia firme al alza durante al año pasado, que si no se revierte sería el inicio de una película con desenlace inquietante. De un año a otro, la mora del stock de los préstamos bancarios subió más de 70 por ciento. Disparar la tasa de interés de las Leliq hacia el 60 por ciento anual, como lo hizo anteayer el Banco Central, en otra muestra de miedo y desesperación por la amenaza de una nueva corrida cambiaria, acelera el ritmo de crecimiento de la morosidad de los créditos entregados a familias y empresas.

La recesión fulminante que está provocando quiebras de empresas, convocatorias de acreedores, pedidos de procedimiento preventivo de crisis de grandes firmas, cierre de locales comerciales, despidos y lluvia de suspensiones se reflejan en el sistema financiero con reducción del crédito privado y aumento de la morosidad. La conducción ortodoxa de Guido Sandleris en el Banco Central acentúa la debacle del sector privado con tasas de interés altísimas, que sube aún más ante cualquier acecho de corrida cambiaria. El uno-dos (devaluación-tasa de interés) en el rostro de las empresas es un demoledor knock-out.

La crisis es tan profunda que alcanza incluso a actividades que la política económica del macrismo favoreció, como a las del sector primario. Una de las principales empresas de alimentos del país, Molino Cañuelas, con el negocio integrado desde la materia prima hasta el producto final, acumula una deuda impaga de 1500 millones de dólares con los principales bancos del sistema. Por ahora es el default privado más importante, insolvencia que está generando una relación muy tensa entre Molinos Cañuelas y unas veinte entidades financieras acreedoras.

El aumento de la morosidad bancaria es una consecuencia previsible de ese esquema económico que castiga producir y debilita el mercado interno para privilegiar la bicicleta financiera. Con tasas de las Leliq que el Banco Central nuevamente las colocó casi en el 60 por ciento anual, estar endeudado aproxima la posibilidad de la quiebra. 

Destrucción

El naufragio de la economía macrista no está dejando a salvo ni a grandes firmas de rubros diversos. La capacidad de destrucción de este nuevo experimento neoliberal está siendo impactante, tanto por la velocidad como por la intensidad. 

Hubo diferentes medidas que fueron encadenándose para provocar el actual descalabro general. La apertura importadora empezó a castigar a los eslabones más débiles de la cadena productiva. El deterioro del poder adquisitivo del salario y de las jubilaciones avanzó sobre el mercado interno haciendo crujir a varias actividades. El importante colchón social y económico que dejó el gobierno anterior (amplia cobertura previsional, extensa red de protección social y el ahorro de las clases medias) amortiguó en una primera etapa el shock inflacionario provocado por la primera megadevaluación de diciembre de 2015 y por los insensatos aumentos continuos de tarifas (luz, gas, agua, transporte y combustibles).

Ese margen de ingresos se fue agotando en esos meses hasta quedar sin resto, coincidiendo con la debacle cambiaria de abril pasado que derivó en otro desborde inflacionario y una corrida contra el peso que se mantiene. Aquí aparece el golpe final a la estructura productiva y comercial castigada por tarifazos y caída de ventas: la suba de la tasa de interés a niveles elevadísimos para tratar de amortiguar la velocidad de la corrida. Costos en alza, descenso en la facturación y aumento desproporcionado de la carga financiera es el actual combo devastador para las empresas.

El incremento en los incumplimientos de la deuda bancaria y la imposibilidad de cubrir cheques emitidos (la ola de documentos rechazados en el circuito comercial es cada vez más grande) constituyen el actual panorama económico. Situación que es agravada porque el gobierno de Macri carece de una estrategia para revertirla, siendo su único objetivo tratar de que la paridad cambiaria no se descontrole hasta octubre, cuando se desarrollará la primera vuelta de la elección presidencial. Tras ese objetivo, la medicina que aplica profundiza la crisis, porque la suba de la tasa de interés agudiza la asfixia financiera de las empresas. Lo que hoy parece ser manejable –el nivel de la mora bancaria– puede convertirse en un problema que termine por penetrar las fortalezas que entregan la cobertura de liquidez y el grado de solvencia del sistema. 

Abismo

La obsesión por mantener la tranquilidad cambiaria, hoy el único activo de la Alianza Cambiemos para pelear por la reelección de Macri, tiene como contracara la peor recesión desde la debacle de 2002, con el consiguiente incremento de la morosidad bancaria. La ultra ortodoxia monetaria del Banco Central combinado con la reducción en términos reales del gasto público confirma que no existen muchas chances de un año expansivo, lo que agravará el cuadro recesivo y el ahogo financiero de las empresas.

El informe de FIDE destaca que uno de los datos más relevantes de estos meses es que la política económica ha derivado en un deterioro casi generalizado en la tasa de rentabilidad, incluyendo a grandes empresas. Uno de los casos más notorios es el de Molinos Río de la Plata. Si la empresa del grupo Pérez Companc, líder del sector, presentó días atrás un balance 2018 con una pérdida neta de 1703 millones de pesos, qué margen de sobrevivir le queda al resto de las firmas. 

Cada vez queda más claro que la política económica en el nuevo ciclo neoliberal liderado por Macri está limitando la expansión de la mayoría de las actividades productivas, con pocas excepciones, entre las que se destaca el complejo energético, integrado por corporaciones vinculadas directa o indirectamente con el macrismo.

Es tal el grado de fragilidad de la economía macrista que la paridad cambiaria sube un par de puntos porcentuales y el gobierno se desespera, obligando al Banco Central a subir aún más la tasa de interés. O sea, ya sea por la devaluación, que provoca quebrantos por el endeudamiento en dólares, o por el alza de la tasa de interés, que incrementa la carga financiera y comercial en pesos, las empresas se acercan al abismo de la insolvencia.

 

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